Redención Sónica
El domingo 29 de marzo del 2009 quedará marcado por la reverberación, la distorsión, los acoples y la descarga energética que nos regalo Sonic Youth. Un puñetazo sonoro y visual en pleno rostro.
Sonic Youth eran los encargados de cerrar una semana cargada de conciertos de calidad y de alto voltaje sonoro y energético (basta con recordar lo hecho por Radiohead, Peter Gabriel o Blondie), y con su potencia, entrega y chirridos por doquier, dejaron cerca de 18 mil ojos en blanco y un sin fin de buenos recuerdos.
La noche sónica partió con la incertidumbre de qué estaba pasando con el partido entre Chile y Perú, el cual no fue transmitido por las pantallas gigantes como todos esperábamos (uno de los auspiciadotes de la selección es la competencia directa de la bebida cola organizadora). Por lo tanto, la única forma de enterarse de algo era a través de la reacción de quienes andaban con personal o radio: cada vez que saltaban o gritaban gol (x3) era una reacción en cadena, y media arena gritaba para desahogarse.
Pasado el trago del primer tiempo sale a escena una banda telonera horrenda, Betty Boy. Una banda de cinco integrantes (tres guitarras) que hacían un punk-pop semi adolescente muy insípido e irrelevante. El show era aburrido y para anda atrayente. Las tres guitarras estaban de más, y lo que se entendía de las letras dejaba ver la obviedad del target a cazar: el eterno quinceañero angustiado por sus dudas existenciales y sentir sentirse mal “es lo normal”. Las pifias del público y los constantes abucheos dejaron de mal humor al vocalista/guitarrista, quien dedico unos “hijo de puta” y algo más al respetable para descargar su impotencia. Ni si quiera la triste versión de La corbata de mi tío (cover de los Ex) los salvó. Una banda que sólo será recordada por su enjuta presentación y su escuálida calidad musical y compositiva. Mal.
Luego salió la banda elegida “democráticamente” por internet, los penquistas Energúmeno. Con el primer acorde y a los cinco segundos se notaba que estábamos hablando de una banda de verdad, más acorde con la cita y con la impronta y humildad necesaria para parase frente a un público hambriento e impaciente. Un trío que mezclaba sonidos pesados con ritmos devastadores por parte del batero más un trabajo de bajo muy pesado y sólido a la vez, todo acompañado de distintos matices que llegaban desde un rincón, gracias a una cuarta integrante que dejaba escapar aullidos de una trutruca o distintas percusiones. Notable. Además de tocar bien y presentar un excelente “mini” show, los de Concepción sabían muy bien donde estaban parados y a quien taloneaban, y agradecieron la paciencia y la oportunidad de representar al rock sureño. El aplauso sincero del público vino como respuesta de aprobación. Buena apuesta.
A esas alturas ya se sabía el resultado final del partido (Chile 3, Perú 1) ya el público ya comenzaba a llegar en su totalidad para pedir a gritos la salida de los sónicos de Nueva York.
Se vino el estallido.
Cuando Sonic Youth salió a escena, ya había 9 mil cabezas con deseos de ser expuestas al impacto y la explosión de acordes disonantes que habíamos soñado por años. Al dejar escapar la melodía inicial de Teen Age Riot no había más remedio que entregarse por completo a los amos y señores de la noche. Una verdadera revuelta adolescente se desató entre las manos en alto y los saltos en masa, mientras en el escenario, Moore, Gordon, Ranaldo, Shelley y el reciente quinto sónico (el bajista Mark Ibold) dejaban penetrar la puntita de su cohete para dejar que el feed-back y los acoples finales dieran el real vamos de la jornada. Cuando ambas guitarras rasgaban el suelo del escenario y terminaron por chocar como truenos en un cielo eléctrico, la tarjeta de presentación ya estaba en manos de todos. En un par de minutos ya todos estábamos elevándonos en una nube inflamable.
La bola de fuego siguió con Bull in the heather, y entre sus destellos combustibles nos azotaron con látigos como Hey Joni, The Sprawl, Schyzofrenia y 100%. Cuando Jams run free se escapó con una hermosa furia, la bajista/vocalista y musa de tanto garage bailaba, saltaba y giraba hipnotizando y encantando a la vez a un público en éxtasis, el cual ya estaba entregado hasta la última gota. Para el final extenso y saturado de Mote, Moore dejó que las cuerdas de su guitarra rayaran los parlantes para luego bajar y hundirse en un pozo de piel húmeda y fiel, así casi pierde su guitarra entre las manos que lo tentaban a surfear sobre las cabezas presentes.
“That’s right babe” gritaba Gordon y el coro de Kool thing era compartido por el público y la maestra del ruido. Todo como un perfecto mar sonoro en medio de una noche perfecta, justa para archivarla en el lugar más preciado del corazón y las orejas. Y, a pesar de que sus palabras para la gente no eran muy constantes, la sola presencia del grupo bastaba para saldar una deuda de muchos años con los de acá. Todo el gigantesco arsenal que salía de los parlantes estaba reforzado con un sin fin de imágenes que aparecían en pantallas gigantes. Así se dejaban caer fuegos artificiales, imágenes de familias felices americanas, dudosos concursos de talento, películas extrañas e imágenes antiquísimas de la banda. Todo un espectáculo.
El concierto tuvo un final lleno de sonoridades eléctricas, cálidas y ruidosas, las cuales fueron premiadas con dos bis, en los cuales se presentó material nuevo (The calming snake) para así cerrar con canciones cargadas de años en el ruedo y la lista de preferidos. Silver rocket, Shaking hell (con sacudida satánica y todo) y Express way to yr skull cerraron de forma definitiva una noche de entusiasmo y fuerza por donde se le mire, no sin antes dejar salir un sincero “Thank you, gracias”.
Sin duda la vara está muy alta para lo que queda de año de recitales.
P.D.:Cómo somos un medio pequeño, pobre y honrado, sólo pudimos ir a las localidades más baratas, y nuestra ubicación nos permitía sacar fotos horriblemente lejanas y que poco claro dejan la visual del concierto. Es por eso que nos “robamos” una foto de la zona de contacto (jejeje)














Hey que linda reseña. En realidad se agradece que mas que una reseña descriptiva sea algo totalmente cargado de sentmiento, y es que finalmente eso fue lo que pasó anoche por el movistar arena.. una mole de rabia, romanticismo, y ruido del mas bello.
No cabe duda que hay un antes y un despues de sonic youth en el mundo del rock n roll, y que no nos sorprendamos si el mundillo del rock chileno sufre serias y necesarias dosis de influencia post SY en Chile. Anoche habían muchos músicos, me incluyo, y de tanto que ha pasado por nuestros oídos y ojos, faltaba lo mejor.
Que buena reseña! me gusto eso de las fotos! no podia ser mas cierto…
Sonic Youth estuvo muy bueno, te falto decir que el audio opaco por momentos el recital, habia un eco que molestaba y hacia que no no se distinguiera la voz.
faltaron canciones…
fue buena esa parte de la presentación donde las dos guitarras se violan
muyy buenoooooo!!!!!!
pero es verdad en un principio el sonido guatio
pero parece que a medida que que seguian tocando
lo acoplado se hacia parte de su musica…
luces calientes yo tengo fotos de cerquita si quiere se las paso pa que no ande robando imagenes que es delito jejeejeej
quien tiene las imagenes que me las mande al correo porfa… pazmoralesm@gmail.com
gracias
Excelente, lo mejor que he visto en conciertos (junto con Kraftwerk el 2004). Solo quedé con las ganas de escuchar algo del Washing Machine, aunque aún así fue un regalo increible lo que nos dio Sonic esa noche, algo inexplicable!!
Concuerdo plenamente con el comentario en el segundo párrafo de 'Goo', para muchos músicos nos fue una vuelta de tuerca esa noche.