Ayer murió el Rey del pop, y en remedio lo recordamos con sus puntos altos, sus locuras y sus actitudes, las cuales boredeaban lo insólito (por Lucas Araya).
Ayer en la tarde estaba dando vueltas por el centro y algo me parecía raro: o repentinamente había una fiebre por escuchar a Michael Jackson, o la fiebre ochentena había traspasado todos los límites posibles y llegó a poner en los parlantes de las tiendas, los autos y el metro las melodías de Billie Jean, Beat it y Bad.
En una multitienda hablaban por los parlantes y “dedicaban” una liquidación como tributo al gran Michael Jackson mientras sonaba “Thriller” de fondo. Pensé que se trataba de una mala idea: hacer una venta de “miedo” y con banda sonora de fondo.
No le di mucha importancia. Después de todo, son canciones bastante buenas, como para pasar una tarde de frío.
Me bastó entrar a una roñosa disquería en una galería cerca de Catedral para enterarme de la muerte del Rey del pop. La cajera, el sueño, un par de clientes y dos señoras que querían cargar su Bip! Miraban la tele y comentaban cosas que no alcancé a escuchar por estar viendo un par de casetes perdidos en la vitrina. Pero la curiosidad pudo más y me pegué en la tele para enterarme del deceso de Jacko: un ataque al corazón habría terminado con sus días a los 50 años.
A eso de las 6 de la tarde, los medios confirmaban la información que había estado rondando por un rato en las bocas de muchos: un ataque fulminante, una llamada al 911, el impetuoso viaje al hospital y una fallida resucitación que duró más de una hora. Era el fin de un PERSONAJE del mundo de la música, el hombre-niño echo talento y que cambió las reglas del juego en el circuito pop.
Si bien, su estilo de vida es muy cuestionable, sus excentricidades son incomprensibles y los atentados artificiales contra su cuerpo, humanidad y mente son actos llenos de insanidad, no se puede negar que en esa cabeza enferma y esa mirada perdida en la fantasía, alguna vez, el talento se desbordó se plasmó en discos y obras de arte que estuvieron por sobre la mediocridad del pop y la música complaciente de finales de los `70 y llegaron a pisotear todo lo hecho por las patéticas figuritas y grupos de mentira en los ’80.
Podríamos ligarlo al rock para poder hablar de su presencia musical. Ya está casi de más decir que trabajó con Paul McCartney, Eddie Van Halen y Slash, hechos que son conocidos para la gran mayoría de los roqueros. Esta vez quisiera realzar su calidad compositiva y de co-producción de sus trabajos. Creo que siempre tuvo claro hacia dónde debía dirigir su trabajo y su obra, y pudo encontrar en Quince Jones a un partner con quien trabajaría codo a codo para sacar a delante un discazo como Thriller y haber logrado despegar de su grupo inicial, The Jackson 5, con un disco un poco sub-valorado como Off the Wall. Si miramos bien y recordamos la escena pop de aquellos años, la música linda y radial estaba llena de guiños a la música disco, repleta de bases pegajosas y golpeada por vientos que dejaban poco trabajo a las guitarras, además de carecer de calidad y profundidad en la lírica. Tanto cantante falso y groove de sala de ensayo tenía que ser desplazado por algo sobresaliente, emotivo y lleno de talento. Es ahí donde aparece su primer disco solista, el cual, si bien tenía muchos de los elementos nombrados anteriormente, dejaba ver que su presencia en la producción y el desarrollo del trabajo interpretativo le entregaban un factor extra a la música. Además, sus letras iban un poco más allá del “te amo” o “bailemos porque sí”, aunque no llegó a estar a un nivel metafísico o existencial, pero salió del molde pop impuesto por productores y casas disqueras. Esa salto quedó más que claro cuando sale su segundo disco, y con el una seguidilla de video clips que quedaron eternamente en la retina de todos. Su preocupación artística iba desde el diseño del vestuario, la creación de coreografías hasta meterse en las ideas de los guiones. ¿Quién no se deslumbró con los Zombies que bailaban con las carnes colgando; quién no recuerda los zapatos de charol y el piso iluminado en una ciudad desértica y semi abandonada; o, esas peleas entre flaites white trash, latinos cumas y chinos ochentenos mientras bailaban para “resolver” sus diferencias? No me digan que nunca vacilaron el solo de guitarra de “chaspire” (just beat it) o que no les sorprendía el “paso lunar” que se mandaba en Billie Jean (en una mítica presentación para un aniversario de Motown).
En pocas palabras, Jackson dejó la cagá en el mundo musical, y no podía pasar desapercibido, pero algo andaba mal.
Después de su éxito como solista comenzó a evidenciar sus traumas con respecto a su físico. Comenzó con las cirugías para mejorar el aspecto de su nariz, primero afinándo su volumen y “respingándola”. No contento con eso, empezó con su obsesión por parecerse a Liz Taylor y tratar de imitar sus facciones. Pero lo que ya rayó en el surrealismo y la estupidez máxima fue su cambio de color. Quería dejar de ser “negro” , y para eso comenzó un tratamiento para aclarar la pigmentación de su piel, asesinando así sus células y el tejido que cubría su enferma existencia. Muchos vieron en este acto un desvarío total, un dejo de rechazo a su color (algunos lo llaman raza), un deseo de ser parte del mundo anglo sajón “puro” (w.a.s.p. ), un destello insano a prueba de cualquier razonamiento lógico y cuerdo.
Ya a partir de su disco Bad y la película Moonwalker, todo lo que venía de Jackson superaba cualquier psicoanálisis. Serias transformaciones físicas, videos que reflejaban sus alucinaciones infantiles (por favor, gangsters bailando para ver quién era el Don?), además de lanzar una trama extraña y enfermiza a la pantalla grande: un hombre que sólo mantiene amistades con niños porque los grandes están “contaminados” y hace lo posible por alejarlos de su maligna influencia y que al final de la película se transforma en un robot gigante con forma de nave espacial. Parecía más un grito de ayuda, una petición por atención inmediata más que un intento de filme.
Es mejor recordarlo como un niño promesa y genio
I want you back
En los noventa nada fue mucho mejor. Acusaciones de pedofilia, mediocres discos (Dangerous fue desplazado del primer lugar de ventas por Nevermind), apariciones esporádicas y catastróficas en la prensa, el amtrimonio con la hija de Elvis y su paternidad. Todo un cúmulo de acciones extrañas, erróneas, cuestionables y hasta graciosas, por lo irreal de su existencia.
Más parecía un personaje de mala película de terror o de una serie de dibujos animados dibujados de mala gana. Tal vez por eso no fue tan raro verlo en Scary movie, burlándose de sí mismo. O el capítulo en que se muda a South Park e invita a los niños a jugar en su casa mientras los vecinos lo acusan de conductas indebidas con los pequeños (“you`re being ignorant” les decía Mr. Jonson, su nombre falso).
Su deteriorada apariencia y sus raros gustos lo desdibujaron y comenzaron a sepultarlo. Cuando ya no pudo más con las deudas y se vio forzado a perder Neverland, su gran mansión donde quería seguir con su reino de niños (se creía Peter Pan, vamos, qué onda?). Todo estaba mal para Jackson. Sin embargo, hace un par de meses había anunciado una serie de shows de regreso para celebrar sus 50 años y demostrar que el rey aún existía. Cincuenta conciertos al hilo en Londres a partir del 13 de julio habían agotado millones de entradas en cosa de minutos. Justo estaba en medio de las preparaciones de tales shows cuando u ataque al corazón lo golpeo y terminó con su extraña existencia.
Ahora se habla del uso indebido y excesivo de medicamentos, de la muerte a lo Elvis, de la soledad que sintió en su niñez, de la incomprensión y el desamparo por parte de su círculo familiar, de la distancia que mantenía con sus hermanos y hermanas, del mundo mágico que tenía en su cabeza y que quiso traer a esta realidad fría. Todo es parte de un mito que recién empieza a crecer. Seguro todas sus locuras serán olvidadas, o a lo más, por fin comprendidas, pero lo cierto es que en un punto de su vida fue un genio y lo perdió porque su realidad estaba a años luz del mundo en que vivió, respiró y cantó. Igual que Van Gogh, Artaud, Gaugin>, Morrison y tantos otros que admiramos pro ser radicales y llevados a sus ideas. En el fondo estaban tan enfermos y cagados de la cabeza como Michael Jackson.
Aquí les dejamos el mejor tributo que puede haber: la versión hindú de Thriller. Un real clásico.














Un pedofilo para mi nunca sera mas que eso.
Su figura no la puedo disociar de las atrocidades que cometio y que tapo gracias al vil y sucio dinero.
Con su muerte se salvaron cientos de niños, solo eso.
Creo que fue un genio. La pregunta es ¿qué genio no está trastocado?. La lista es extensa.
Michael Jackson marcó un estilo propio y original traspasando muchas generaciones y ya se lo quisieran varios artistas mediocres.
La prensa sensacionalista también hace lo suyo acabando por hundir y magnificar todo a su paso. Ensañándose con algún artista de turno hasta verlo destruido. Las presiones y el morbo son un negocio y darle alimentos al monstro que pide cabezas es realmente penoso.
Y hoy los ignorantes se han transformado en “moralistas” pero sus argumentos patéticos y crueles no empañan la imagen del rey.
hay versiones que dicen que Jackson fue asesinado por la misma sociedad secreta que lo mantuvo en lo alto, que controlaba su vida aislandolo y que luego lo hundiría mediáticamente a traves de la difamación.
PD. ver: illuminatis, nuevo orden mundial.