
El Aperitivo con los Akineton
Los pasillos del pequeño pero acogedor Teatro Oriente se comenzaban a llenar de personas en busca de su butaca. Las luces estaban altas aguardando el inicio de los acordes iniciales de los teloneros de la noche, en eso a las 9:15 aproximadamente un redoble de batería y cinco tipos cargados de guitarras, bajos y bronces nos invitaban a sumergirnos en una noche llena de emociones y sensaciones que por momentos rodeaban la locura y la catarsis.
Vicente García-Huidobro el guitarrista de los encargados de iniciar el show, Akineton Retard, nos saludaba e invitaba a escucharlos al finalizar el primer tema recordándonos que su repertorio sería breve y ajustado en post de los tiempos del protagonista de la noche, Fred Frith.
Por lo mismo, el recorrido sonoro de Akineton se movió por algunos de los pasajes más importantes de su discografía. A medida que la banda se empezaba a meter en su propuesta cargada de rock y fusión se desbordaba cada nota tornándose en toneladas de energía y potencia pura. Por instantes, en los quiebres de los temas, el público aplaudía pensando que había terminado la canción, pero no, el show continuaba machacándonos nuestros sentidos. Cada segundo era una bomba demoledora, como una ametralladora sin dirección. Cuando llegó el momento de la interpretación de “Morricoleman” sabíamos que el fin estaba cerca, ya llevaban 35 minutos aproximados de música. En eso Vicente nuevamente se dirigía a nosotros prometiéndonos esta vez un tema más latino para el cierre, en este corte final nos sorprendían gratamente con un bello y marcado guiño a “El pueblo Unido”, fin de la canción y fin de la sólida presentación de Akineton.
Plato de Fondo, Fred Frith en escena
Luces apagadas, diez para las diez de la noche y desde el escenario se aparecía un tipo sencillo, descalzo, vestido de negro, canas y con una simple y efectiva puesta en escena. Qué más importaba que el maestro Frith, su guitarra, una alfombra roja, un par de amplificadores, una mesa y la música, sólo eso era lo importante.
Al momento de sentarse ponía sus pies desnudos sobre los pedales y la guitarra en sus rodillas, como si fuera el momento de mecer a un niño recién nacido, desde ese instante comenzaba en mí una nueva etapa en lo que a espectáculos musicales me había tocado apreciar. La sencillez de Frith quedaba de manifiesto a cada instante, pensaba que quizás el tipo podría despachar millones de notas por segundo y vanagloriarse con su talento, pero esa no era la gracia; Frith, contrariamente, nos contagio con su humildad y se transformó en varios personajes que se rotaban durante el concierto.
Por una parte era un chaman que contagiaba y manipulaba nuestros sentidos llevándonos por viajes astrales en los cuales sonaban ballenas, delfines, trenes y cientos de otros sonidos de la naturaleza; por otro lado, se asimilaba en un niño que jugaba con su instrumento pasando a llevar por sobre sus cuerdas, cadenas, objetos circulares metálicos, cintas rojas, varillas, un arco, bolitas, etc. También a ratos era un artista visual cansado de la repetición pictográfica de la figura humana para señalarnos la desestructuración de los planos sobre la tela, los pigmentos sobre las formas y la fantasía sobre la realidad, Frith era un superhombre que nos transportaba por cientos de lugares y sensaciones ancestrales y sólo teníamos que dejarnos llevar.
El tiempo pasaba y parecía que estuviera detenido. Cada sonido a medida lograba un sentido único e irrepetible en este espectáculo que era sacudido por la improvisación y la magia, por momentos la música era una suite árabe, otras veces un jazz fusión para continuar mutando en música japonesa, la transformación musical era constante, vertiginosa y sorprendente.
En un instante inesperado, un caluroso aplauso cerrado me volvía a conectar con la tierra, Frith terminaba su concierto, luego vendría un primer bis cargado de recuerdos inconcientes a sonoridades que asimilaban a Tony Levin, Les Claypool y Tool, después nuevamente se iría y volvería a entrar a escena por ultima vez para un final más de compromiso que de improvisación y así por fin se despediría para siempre.
“Si John Cage hubiese tocado guitarra sonaría a Fred Frith” alguien dijo por ahí y nos quedo más que claro, los que estuvimos esa noche en el Teatro Oriente comprendimos que estuvimos ante un evento histórico. El chaman Frith quizás no vuelva más, el torbellino de sonidos tampoco, lo mas probable que nos encontremos en nuestros sueños o en miles de otros lugares del planeta, los mismos a los que Frith nos transportó, “La vanguardia es así”.
Imagen Fixwhatusee, se las debemos por esta vez.












One Response to “Fred Frith y su ritual chamánico”
Trackbacks/Pingbacks
[...] This post was mentioned on Twitter by gerardo figueroa r, remediopalamente. remediopalamente said: Fred Frith y su ritual Chamánico! http://www.remediopalamente.com/blog/2009/12/fred-frith-y-su-ritual-chamanico/ [...]