Es indiscutible que lo mejor del rock ha venido de una pequeña isla en el extremo norte, llamada Inglaterra. Por si cabe alguna duda, voy que tirar a la mesa algunos nombres como The Beatles, Led Zeppelin, Pink Floyd, The Clash, The Smiths, Radiohead, sólo por nombrar algunos. Todos estos nombres, su sonido, sus propuestas líricas, su contundencia escénica y sus potentes, enigmáticos shows en vivo y su influencia, han levantado lo que se conoce como “rock inglés” ,y su calidad es innegable, pero hay una cosa que ya sobrepasa los límites de la razón y el gusto musical, las ansias de los propios ingleses de levantar, inflar y mitificar bandas a su antojo, sólo para continuar con la “tradición” inglesa.
Revistas tipo NME (new musical express), la BBC, varios dj’s y cientos de miles de chantas que se creen britons alrededor del mundo siguen con la idea imaginaria del “imperio británico” en términos musicales, todo para vender la torta y que todos compremos y nos sirvamos un pedacito, cuando la verdad, es que la nueva camada inglesa es muy desabrida y deja mucho que desear.














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